La adjunta a la dirección del Grupo UR Salomé López Garrido destaca el papel de la medicina reproductiva en la prevención y la anticipación de enfermedades en el foro debate de Sanidad organizado por Alicante Plaza celebrado en la Universidad Europea de Alicante

La sanidad vive una transformación acelerada hacia un modelo más predictivo, digital y centrado en la prevención, impulsado en gran medida por la irrupción de la inteligencia artificial. Así se puso de manifiesto en el foro debate de Sanidad organizado por Alicante Plaza en la Universidad Europea de Alicante, bajo el título La nueva arquitectura de la salud: tecnología, prevención y humanidad, que reunió a diferentes especialistas responsables de hospitales, universidades y profesionales sanitarios para analizar los retos del actual sistema.
Durante la mesa de debate, moderada por el director de Alicante Plaza, Miquel González, los participantes coincidieron en que el cambio de paradigma ya está en marcha. “La inteligencia artificial nos ha arrollado y tenemos que gestionar ese cambio”, afirmó el gerente de HCB Dénia, Adolfo Vanaclocha, quien definió el momento actual como “muy interesante para el sector sanitario”.
En esta línea, el vicepresidente primero del Colegio de Médicos de Alicante, José Luis Bataller, subrayó que “vamos hacia un modelo con más predicción y prevención porque la sociedad lo exige”, aunque advirtió de la necesidad de no perder el foco en la atención primaria: “Ocho de cada diez atenciones se producen en Primaria, pero solo cuenta con el 40% de los recursos”.

El avance tecnológico fue uno de los ejes centrales del debate. La directora médica de HLA Vistahermosa, Concha Giner, explicó que el salto actual no responde tanto a un cambio conceptual como a la disponibilidad de herramientas: “La medicina preventiva ya existía, pero ahora tenemos los datos y la tecnología para aplicarla; el covid nos hizo dar un salto enorme”.
Por su parte, la adjunta a la dirección del Grupo UR, Salomé López Garrido, afirmó que “Estamos avanzando claramente hacia un modelo más predictivo y preventivo, y la medicina reproductiva es uno de los ámbitos donde mejor se observa este cambio”. En su intervención, destacó que técnicas como el diagnóstico genético preimplantacional, el cribado de portadores o la vitrificación de ovocitos permiten anticiparse tanto a riesgos hereditarios como al envejecimiento ovárico. “Ya no solo tratamos, sino que prevenimos y anticipamos”, subrayó.
En cuanto al actual papel de la inteligencia artificial, López Garrido incidió en su implantación real en la práctica clínica. “La inteligencia artificial ya está plenamente integrada en muchos procesos clínicos. En reproducción asistida, su aplicación más visible es la optimización de la selección embrionaria, donde ayuda a reducir la variabilidad en la evaluación y a mejorar la predicción de éxito”.
Entre los avances más destacados, mencionó los sistemas de incubación con tecnología time-lapse, que permiten observar de forma continua el desarrollo embrionario. “Se analiza tanto la morfología como la dinámica de división celular, lo que facilita una selección más precisa y se traduce en mayores tasas de implantación”. Además, apuntó que la IA también está integrada en el ámbito genético mediante algoritmos que clasifican mutaciones y modelos que permiten predecir la capacidad de implantación en técnicas no invasivas.

Otros ponentes coincidieron en el impacto creciente de la tecnología. El gerente de Vithas Alicante, Alejandro Cañamaque, detalló aplicaciones ya en uso como sábanas con microsensores para prever caídas o sistemas de monitorización de úlceras, además de avances como exoesqueletos para pacientes con enfermedades degenerativas. Con todo, los expertos insistieron en que la innovación no debe sustituir el trato humano. “Nada puede reemplazar la atención personal en procesos graves”, defendió Bataller.
Más allá de la innovación, el foro puso el foco en los retos estructurales del sistema sanitario. El diagnóstico fue contundente. “Si la respuesta es sí o no, diría que no estamos preparados”, afirmó Vanaclocha sobre la capacidad del sistema para afrontar el envejecimiento poblacional. Bataller fue aún más tajante: “No estamos preparados para nada”.
En este ámbito, López Garrido advirtió de que este fenómeno también tiene un impacto directo en la salud reproductiva. “El envejecimiento poblacional es un desafío global que también afecta a la fertilidad. El retraso en la maternidad está provocando un aumento de la infertilidad y, en consecuencia, una mayor demanda de tratamientos de reproducción asistida”, señaló.
Según explicó, en España la edad media del primer hijo supera los 32 años, lo que implica una disminución de la reserva ovárica y un aumento del riesgo de alteraciones cromosómicas. Ante este escenario, defendió la necesidad de incorporar la prevención reproductiva a las políticas sanitarias: “Es fundamental promover la educación en fertilidad y facilitar el acceso a técnicas de preservación de la fertilidad”.
Por su parte, el director médico del Hospital Quirónsalud Torrevieja, Carlos Yago, añadió la complejidad de atender a una población envejecida y, en muchos casos, extranjera. La directora de la Universidad Europea en Alicante, Noelia Rodríguez, apostó por un cambio de modelo asistencial orientado a que el paciente permanezca más tiempo en su entorno habitual, apoyado en sistemas de monitorización.

El debate también abordó la situación del personal sanitario, uno de los principales puntos débiles del sistema. “El 30% de los médicos tiene más de 55 años”, recordó Bataller, quien alertó de un relevo generacional complicado y de unas condiciones laborales exigentes, con jornadas que pueden alcanzar las 80 horas semanales.
En este sentido, Vanaclocha incidió en la necesidad de mejorar las condiciones para retener talento, mientras que desde el ámbito académico se defendió la formación de nuevos perfiles adaptados al entorno tecnológico.
El consenso entre los participantes fue claro: la sanidad del futuro será más predictiva y estará fuertemente apoyada en la inteligencia artificial, pero su viabilidad dependerá de la capacidad para resolver sus debilidades estructurales. El reto no es solo innovar, sino construir un sistema sostenible que combine tecnología, prevención y humanidad.